GARCIN. - ¿Pero nunca será de noche?
INÉS. - Nunca.
GARCIN. - ¿Me verás siempre?
INÉS. - Siempre.
[...]GARCIN. - La estatua... (La acaricia.) ¡Pues bien! Éste es el momento. La estatua
está ahí, la contemplo y comprendo que estoy en el infierno. Os digo que todo estaba
previsto. Habían previsto que me quedaría delante de esta chimenea, oprimiendo el bronce con la mano, con todas esas miradas sobre mí. Todas esas miradas que me devoran...[...] ¡Ah! ¿No sois más que dos? Os creía mucho más numerosas. (Ríe.)Así que esto es el infierno. Nunca lo hubiera creído... ¿Recordáis?: el azufre, la hoguera, la parrilla... ¡Ah! Qué broma. No hay necesidad de parrillas; el infierno son los demás.