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domingo, 17 de marzo de 2013

Las pasiones de Spinoza

Pongo aquí un interesante artículo aparecido en "El libertino erudito" donde se trata las connotaciones políticas de la filosofía de las pasiones spinozista.

Spinoza

viernes, 8 de junio de 2012

El panóptico, Foucault

Respuesta: Es un proyecto de construcción con un patio central que vigila toda una serie de celdas dispuestas circularmente, a contraluz, en las cuales se encierra a los individuos. Desde el centro se controla toda cosa y movimiento sin ser visto.
El poder desaparece, ya no se representa, pero existe; se diluye incluso en la infinita multiplicidad de su única mirada. 
Las prisiones modernas, y también un gran número entre las más recientes que llamamos "modelos", reposan sobre este principio. Pero, con su Panóptico, Bentham no pensaba de manera específica en la prisión; su modelo podía ser utilizado - y lo ha sido- para cualquier estructura de la nueva sociedad. La policía, invención francesa que tan pronto fascinó a todos los gobernantes europeos, es la gemela del panóptico.
El sistema de contribuciones moderno, los asilos psiquiátricos, los registro, los circuitos de televisión y tantas otras tecnologías que nos rodean, son su concreta aplicación. Nuestra sociedad es mucho más benthiana que beccariana. Los lugares en los cuales hemos encontrado la tradición de conocimientos que han conducido a la prisión muestran por qué esta se parece a los cuarteles, a los hospitales, a las escuelas, y por qué estos se parecen a las prisiones.

La policía virtual, Michel Onfray


"La policía ya no opera allí donde lo creemos. Invisible, eficaz, se convierte en la inmensa memoria de intimidades hasta entonces preservadas "


"Realidades de la policía virtual

     Con el tiempo, la policía se modifica. Menos visible en tanto que se hace
más científica, técnica, la policía se concentra en el desciframiento de las
huellas que siempre dejan los actos delictivos. Nuestra civilización se hunde
bajo las cámaras de vídeo instaladas en los cruces de las ciudades, en los
sitios especialmente protegidos -estadios, embajadas, cajeros, bancos, etc.
Dejamos huellas numéricas por todas partes, informáticas, electrónicas: utili-
zando una tarjeta de crédito, al echar mano de un teléfono móvil o fijo,
navegando en Internet, visitando páginas webs, transmitiendo información
por la red telefónica, no podemos hablar, movernos, pagar, sacar dinero, sin
ser registrados, y por tanto, controlables y controlados.
La antigua policía que manejaba el látigo5, da paso a una nueva policía
que interpreta la estela numérica y electrónica que cada uno deja tras de sí.
Las sociedades son menos disciplinarias que sociedades de control. El gran
ojo del Big Brother, que ve todo e instala nuestra existencia de manera per-
manente bajo la mirada de representantes y funcionarios de una autoridad a
la que nada escapa, realiza el panóptico de forma plena. Por un lado, la
policía clásica se encasilla en tareas ingratas que la exponen a la mala reputación; por otro, la policía científica se beneficia más bien de un alto capital
de confianza y de respeto por parte de la población...
El peligro de la policía del futuro es que se convierta en un instrumento
en manos de poderes políticos poco escrupulosos. Los Estados que aspiran
a dominar el planeta comienzan a controlar la circulación de información, ya
sea asegurando que los grandes medios pertenezcan a sus amigos políticos
poco susceptibles de entorpecer su proyecto de imperio planetario, ya sea
interceptando los detalles de la vida privada de la mayoría para constituir
fichas policiales eficaces. De ahí el miedo a un dominio de las ondas de
comunicación por parte de una potencia secreta, comercial y mafiosa, deci-
dida a conocer los hábitos de los individuos fichados en función, por ejemplo,
de su comportamiento informático y telefónico.
La policía ya no opera allí donde lo creemos. Invisible, eficaz, se convier-
te en la inmensa memoria de intimidades hasta entonces preservadas. La
aparente desaparición de la disciplina corresponde al aumento del control.
Desconfiad menos de los policías que patrullan en la calle que de sus cole-
gas, que, en los despachos en los que escuchan, vigilan e interceptan, alma-
cenan información acerca de vosotros para el servicio de información general
—esa parte de la policía que dispone de un fichero sobre cada uno de
vosotros en el que son consignados vuestros más pequeños hechos y
gestos. Temed más bien a la policía invisible. Cuanto menos la veis, más os
ve ella."






Antimanual de Filosofía, Michel Onfray

martes, 5 de junio de 2012

La ideología social del automóvil



El mayor defecto de los automóviles es que son como castillos o fincas a orillas del mar: bienes de lujo inventados para el placer exclusivo de una minoría muy rica, y que nunca estuvieron, en su concepción y naturaleza, destinados al pueblo. A diferencia de la aspiradora, la radio o la bicicleta, que conservan su valor de uso aun cuando todo el mundo posee una, el automóvil, como la finca a orillas del mar, no tiene ningún interés ni ofrece ningún beneficio salvo en la medida en que la masa no puede poseer uno. Así, tanto en su concepción como en su propósito original, el auto es un bien de lujo. Y el lujo, por definición, no se democratiza: si todo el mundo tiene acceso al lujo, nadie le saca provecho; por el contrario, todo el mundo estafa, usurpa y despoja a los otros y es estafado, usurpado y despojado por ellos.


texto completo: http://nomadant.wordpress.com/biblioteca/textos/ideologia-automovil/

Micropolítica, cartografía del deseo- Guattari y Rolnik



Es preciso intentar pensar un poquito qué quiere decir revolución. Ese término
está tan deteriorado, tan desgastado, se ha arrastrado ya por tantos lugares,
que sería preciso volver a un mínimo de definición, aunque sea elemental.
Una revolución es algo de la naturaleza de un proceso, de una transformación
que hace que no exista retorno al mismo punto. Algo, que paradójicamente,
contradice incluso el sentido del término «revolución» empleado para desig-
nar el movimiento de un astro alrededor de otro. La revolución es una repeti-
ción que cambia algo, una repetición que produce lo irreversible. Un proceso que produce historia, que acaba con la repetición de las mismas actitudes y de
las mismas significaciones. Por lo tanto, y por definición, una revolución
no puede ser programada, pues aquello que se programa es siempre el
déjà-là. Las revoluciones, así como la historia, siempre traen sorpresas.
Son, por naturaleza, siempre imprevisibles. Eso no impide que se trabaje
por la revolución, cuando se entiende ese «trabajar por la revolución», como
trabajar por lo imprevisible.



[...]Retomando el asunto, pienso que la idea de revolución se identifica con la
idea de proceso. Producir algo que no exista, producir una singularidad en la
propia existencia de las cosas, de los pensamientos y de las sensibilidades. Es
un proceso que acarrea mutaciones en el campo social inconsciente, más allá del dis-
curso. Podríamos llamar a eso un proceso de singularización existencial. La
cuestión está en cómo hacer que se mantengan los procesos singulares —que
están casi en la tangente de lo incomunicable— articulándolos en una obra, en
un texto, en un modo de vida articulado consigo mismos o con algunos otros,
o en la invención de espacios de vida, de libertad y de creación.

miércoles, 22 de febrero de 2012

Microresistencias, Política del rebelde

En estos tiempos de revuelta es complicado, por decir poco, que se formen grandes grupos unidos desde largo tiempo para hacer frente a un enemigo común. Este pequeño extracto del libro "Política del rebelde" de Michel Onfray nos permite pensar en una resistencia que no necesita de un hermoso mañana para sobrevivir y resisitir, el acto de resistencia como valioso en sí mismo. Una resistencia en cada ambito de la vida, con unos objetivos concretos y unos adversarios declarados y visibles.



"La naturaleza de los microfascismos conduce a las microrresistencias. En muchas ocasiones las fuerzas negativas se oponen a las fuerzas reactivas e interrumpen la difusión de la energía lóbrega. Seamos nominalistas: el liberalismo no es una esencia platónica, sino una realidad tangible y encarnada. No luchamos con conceptos sino con situaciones concretas. En el terreno inmanente, la acción revolucionaria se define por el rechazo a transformarse en correo de transmisión de negatividad.


Aquí y ahora, y no mañana o en un futuro radiante, más tarde... porque mañana no es hoy... La revolución no espera la buena voluntad de la Historia con mayúscula; se encarna en situaciones múltiples en los lugares donde se la moviliza: en su familia, su taller, su oficina, su pareja, en su casa, bajo el techo familiar, en cuanto un tercero queda implicado en una relación, por todas partes. No hay pretextos para dejar para mañana lo que finalmente no se hace jamás: ¿el lugar, el tiempo, las circunstancias y la oportunidad revolucionaria? Ahora mismo. Al comprobar el fin de toda posible revolución insurrecional, Deleuze recurrió al devenir revolucionario de los individuos. La convocatoria conserva toda su eficacia y potencialidad."
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